jueves, 31 de agosto de 2017

SUTIL PROCESO DE LA ACUARELA

SUTIL PROCESO DE LA ACUARELA

Así es la pintura de la acuarela: un proceso sutil.
Se trata de planificar el cuadro, imaginar una escena, elegir unos colores, una gama de tonos que armonice.

Hay que tener clara la intención, lo que uno quiere expresar y transmitir.
Se hace un boceto en el papel, un dibujo a lápiz insinuante.

Se humedece el papel, con bastante agua.
Se derrama pintura por los extremos del papel, en unas partes con pigmento puro y en otras partes, aguadas preparadas. En otros lugares del papel,  se colocan breves insinuaciones de color puro, que en conjunto enriquezcan la gama cromática. Hay colores que se mezclan en la paleta. Y otros colores se echan puros para que se mezclen en el mismo papel. Así, se producen efectos, que solamente el agua puede crearlos espontáneamente.

Echada la pintura, se levanta el papel, se mueve de un lado a otro, que corra la pintura por la fuerza del agua. Se da la vuelta, y se echa pintura por el otro lado, y se vuelve a levantar, para que todo quede integrado y armonizado.
Se trata de hacer fondos sugerentes, atmosféricos, poéticos, creativos, que puedan servir como telón de fondo para la escena que se pretende crear.

¡Muy importante! Se busca reservar siempre la luz. Que la pintura no ahogue el cuadro, que queden zonas de luz, teniendo muy claro dónde está el protagonismo del cuadro, de manera que la luz fortalezca el mensaje central.

Así, se espera un rato.

En un momento determinado del proceso, en que está a medio secar, se trabajan las figuras o el tema central.

Así mismo, se echa pintura por el extremo de la figura y se vuelve a levantar el papel para que se vaya difuminando la pintura por el lado en que viene la luz. Se trata de que la figura quede integrada, por el lado de la luz, con el fondo o con el horizonte. Que no queden perfilados los contornos de la figura.

Después, se refuerzan algunas partes de la figura, con brochazos ágiles.

Por último, se dan leves toque en el cuadro, como motas, como picotazos, unas pinceladas finales que den personalidad en el cuadro.












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